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December 13, 2017

Solo fue un polvito, esposa e hijos míos, el drama de Jorge Lopez


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Jorge Lopez, De moral evangélica en la familia; Hace algunos años, me fui con unos compañeros de televisión a la Antigua Guatemala. Fueron a hacer un reportaje nocturno sobre bares de la ciudad colonial.

En el primer bebedero, el camarógrafo empezó a hacer unas tomas, mientras yo me empinaba un güisqui. De pronto, alguien de una mesa llamó a los muchachos y les pidió, de favor y con buenos modales, que no hicieran imágenes de su grupo. ¿El motivo? El muchacho, que estaba tomando cerveza, era uno de los hijos del pastor evangélico Jorge López. “No hay problema” le dijeron mis compañeros, y no lo filmaron.



OPINIÓN: © Hugo Gordillo – Guatemala Chronicle – Abril 21, 2017
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En ese momento, lo único que pensé fue en una moral cristiana estúpida aplicada en el hogar, por parte de un líder que en cada sermón no deja de amenazar con el fuego eterno a los borrachos, porque el alcohol es meado del diablo.

Pero nunca el pastor le recomendaría cerrar sus empresas diabólicas a los licoreros y cerveceros monopolistas de Guatemala para honra y gloria de Dios, porque su diezmo engrandece la obra del señor. La vergüenza pasa, pero el dinero se queda en casa.

Hablo de esto, hoy que el pastor y “profeta” de la iglesia Fraternidad Cristiana, conocida como la Frater, está envuelto en un conflicto por la aparición de un supuesto hijo fuera de matrimonio, por lo cual “se retiró” del púlpito indefinidamente.

Si se llega a confirmar tal paternidad, a Jorge López se le derrumbaría el naipe con que ha construido su hogar a base de mentiras y su emporio eclesiástico sobre el engaño a los seguidores y a base de contubernios con gobernantes y empresarios corruptos a los que bendice después de recibir la plata.

Dicen que Guatemala es tan moral, que hasta la tiene doble. Es cierto, sobre todo porque es un pueblo marcado por la ambivalencia manifiesta política y social a la que ha sido orillado. Pero tratándose de líderes cristianos, estos la tienen triple.

No por gusto el cristiano cree en una trinidad que permite morir y resucitar al tercer día, después de anidar el pecado en otra trinidad: el cuerpo, el alma y el espíritu, gracias a otra trilogía: la palabra, la obra y la omisión… y así sucesivamente.

Las iglesias evangélicas, financiadas desde el Cinturón de Dios en los Estados Unidos, proliferaron en Guatemala, después de las matanzas de sacerdotes católicos y catequistas, válidas desde la doble moral de la Era Reagan, con el que se liberó a Guatemala del comunismo.

Frescos están los discursos morales domingueros del genocida Efraín Ríos Montt con sus repetidos: ¡usted papá, usted mamá! Estos sermones que escondían actos criminales del Pájaro Loco y su banda de genocidas, fueron ovacionados y reproducidos íntegramente desde medios de comunicación como Prensa Libre, donde algunos de sus dueños dejaron botado al viejo Cristo de Esquipulas con el que siguieron el cortejo de la contra revolución vende patrias y se apegaron al antiguo testamento del ojo por ojo en la última cruzada anti comunista a sangre y fuego sobre hombres, mujeres, niños y ancianos inermes.

¿Por qué no se constituyó Guatemala en bastión moral, aunque fuese de Centro América, después de tantas iglesias evangélicas erigidas y tantas vidas sepultadas? Porque los mensajes teologales de estos antros no cuadran con los miles de pobres, para los que está reservado el fuego eterno.

Un fuego que medio se apaga con seguidores de la clase media arribista y que se apaga automáticamente frente a los ricos pecadores a los que el pastor López les dice: cómo te está bendiciendo el señor, cae con el diezmo.

Las iglesias evangélicas no han aportado moral al país desde que sus líderes, como Jorge López, perdonaron el pecado de genocidio como quien perdona una mala mirada, pero, sobre todo, porque han contribuido a que algunos de estos criminales se conviertan en pastores.

Muchos de esos sinvergüenzas disparan ahora con la palabra antiguo testamentaria desde púlpitos cercanos a cementerios clandestinos que ellos contribuyeron a cavar. No puede erigirse inmaculado un proyecto que nació con pecado original y que continúa en el pecado por la trilogía de la bendición, la acción y la omisión evangélica.

A la luz del antiguo testamento, hay palabra suficiente para que el pastor López se dirija, como Judas, al pie de la horca. Porque si en alguna oportunidad cachó a alguno de sus hijos, Jorge, Alex o César, y no le aceptó la excusa: solo fue una cerveza, papi; tampoco su familia debería aceptarle la excusa: solo fue un polvito, esposa e hijos míos.

¿Quién merece más el fuego eterno? El hijo que se tomó los meados del diablo o el padre al que le aparece un hijo, que a los ojos de este mundo infernal, no es obra del espíritu santo.

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