Go to ...




RSS Feed

December 14, 2017

Lindwood Adams de la UFC y el Latigo del Sur


Comparte:

Lindwood Adams de la UFC y el Latigo del Sur

Clarence Lindwood Adams Clements era un hombre misterioso y temido. De orígenes dudosos, identidades variables, movimientos inciertos y actividades tenebrosos, don Lin, como era conocido, era el padre de mi mejor amigo durante mi niñez y juventud y solo susurrábamos su nombre alrededor de nuestra mesa.


INVESTIGACIÓN © J. Russell – Guatemala Chronicle  – Actualizado Mayo 05, 2017
Este artículo puede ser Citado / Copiado / Compartido siempre que incluya un enlace a este original.



Entre 1950 y 1954, el presidente Jacobo Árbenz Guzmán de Guatemala, había redistribuido grandes extensiones de tierras de la UFC (United Fruit Company) y de otros grandes terratenientes, a miles de campesinos guatemaltecos sin tierras, como parte de sus reformas agrarias.

Conocido como el Decreto 900, este programa era increíblemente popular entre los pobres que se beneficiaron de tierras, ayuda técnica y micro préstamos. Sin embargo, la United Fruit Company y los grandes terratenientes guatemaltecos se opusieron a estas reformas agrarias.

Asi que . . . En 1954, a petición de la UFC y de los grandes terratenientes, la CIA derrocó al gobierno democráticamente elegido de Jacobo Árbenz e instaló al coronel Carlos Castillo-Armas, en un golpe de Estado que ha vivido en la infamia de la historia guatemalteca.

A los pocos días de asumir el poder, Castillo-Armas implementó un feroz programa de recuperación de todas las tierras cedidas legalmente  a los campesinos bajo las previas reformas agrarias..

Muchos campesinos se alzaron. Hubieron disturbios, protestas y muchos campesinos fueron asesinados en numerosos lugares alrededor del país, ya que la UFC y los terratenientes expulsaban violentamente a los campesinos de sus tierras, obligándolos a desocupar lo que habían sido legalmente cedido por el previo gobierno de Árbenz.

Entre 1954 hasta principios de la década de 1960, el proceso de recuperación de la tierra continuó sin abatir y esta fue la causa raíz del inicio de la guerra civil guatemalteca que duró hasta los fines de 1999, cuando finalmente se firmó un acuerdo de paz, del cual poco se cumplió.

Clarence Lindwood Adams Clements

El hombre encargado por la UFC (United Fruit Company) de recuperar todas las tierras que consideraban suyas y erradicar a los campesinos asquerosos como si fueran bichos era el señor Clarence Lindwood Adams Clements, cuyo título oficial era “Superintendente de Relaciones Sociales”.

Lindwood Adams era el marido de Hilda Hrdlitschka Adams, la mejor amiga de mi madre  y prima de Francisco Villagrán Kramer quien fue Vicepresidente de Guatemala entre 1978 y 1980.), en el gobierno del entonces presidente Romeo Lucas García.

Johnny Adams, el hijo mayor de Lindwood Adams, era mi mejor amigo durante mi niñez y juventud. Estuvimos en el Colegio Evelyn Rogers juntos, en las respectivas casas de nuestras familias y nuestras familias estaban íntimamente entrelazadas ya que todos pertenecían a la secta evangélica de mi padre.

Ahora bien . . . Lindwood Adams era un hombre de orígenes dudosos, identidades variables, movimientos inciertos, reputación dudosa y actividades tenebrosas, que a principios de los años cincuenta, había aparecido de a nada, procedente de Honduras. Dentro de mi casa, su nombre era mencionado en voz baja y temido por mis padres, porque era CIA.

Conocido por todos en Guatemala como “Don Lin”, Lindwood Adams estaba radicado en Bananera, Tiquizate,  sede principal de la UFC al sur de Escuintla, donde los ejecutivos, supervisores y jefes extranjeros de la UFC vivían la vida de Riley en casas (bungalos) de madera al estilo norte americano de diferentes tamaños por rango, con jardines y piscinas de lujos.

Usted puede hacer un recorrido por Bananera aquí, como lo fue en 1958.

Lindwood Adams también era un apostador compulsivo, imprudente y deshonesto. Además de sus deberes a la UFC y a la CIA, tenía a su cargo las diversas fincas de café, pertenecientes a su suegro Hans Hrdlitschka, el dueño de la Relojería El Sol en la Ciudad de Guatemala.

Hans Hrdlitschka, era un judío checoslovaco, maestro relojero y joyero que había emigrado a Guatemala en 1917 cuando tenía sólo 16 años, luego de responder a un anuncio en los periódicos europeos por la Joyería La Perla, que ofrecía trabajo en Guatemala a un joyero experimentado.

Viajar  a Guatemala desde Europa en esos años, era una pesadilla. Puerto Barrios era sólo un pueblo con un embarcadero y el camino a la Ciudad de Guatemala era sólo una sendero para bueyes, que estaba bajo ataque constante, por bandidos y ladrones.

Ignorando estos inconvenientes, Hans tomó un barco desde Europa hasta el puerto de Veracruz en México, donde esperó 6 meses hasta que logró unirse a una caravana de mulas que transportaba flete y mercancías, rumbo a la Ciudad de Guatemala. Con su llegada, las autoridades guatemaltecas le dieron un inmenso pergamino que decía “Súbdito del Reino de Austro-Hungría”, que le gustaba mostrar a sus amigos.

Las cosas no funcionaron en La Perla para Hans, así que estableció su propia joyería llamada Joyería y Relojería El Sol, que pronto se convirtió en la relojería y joyería más prestigiosa de la Ciudad de Guatemala y que finalmente lo hizo un hombre muy rico.

Muchas de los grandes relojes instalados en las torres, la cervecería y los edificios municipales en la ciudad de Guatemala, fueron instalados, mantenidos y reparados por Hans Hrdlitschka y en numerosas ocasiones durante mi juventud, lo acompañé hasta la cima de estas torres, a reparar los relojes.

A principios de 1960, 4 hombres entraron a la Joyería y Relojería El Sol y pidieron hablar con don Hans. Estaban allí para cobrar una deuda de apuestas incurrida por su yerno, Lindwood Adams, quien había firmado un IOU por dos de las fincas de café más valiosas de Hans. Los visitantes exigieron que se les entregaran las escrituras de las dos fincas, allí mismo.

Hans estaba destrozado. En el taller de su tienda, sacó su pistola y la colocó en su sien y sólo las plegarias desesperadas de sus empleados lo impidieron. Hans tomó las escrituras de su caja fuerte y mientras las entregaba, les dijo: “Caballeros, les pido disculpas por la espera y el inconveniente de tener que venir a recoger el papeleo”.

Benedicto González Ruano, el Látigo del Sur

Benedicto González Ruano, había sido uno de los soldados mercenarios del Ejército de Liberación que había acompañado a Castillo-Armas durante su invasión, pero el Libertador lo había abandonado a sus propios recursos, al igual que a la mayoría de los otros soldados de rango inferior, que lo habían acompañado originalmente.

Cuando los auditores de la CIA se sentaron a hacer cuentas después del golpe de Estado de 1954. descubrieron que Castillo-Armas se había robado la mayoría del dinero que le habían dado y que lo había escondido en su caleta o “fondo de retiro”, como lo llamaba y que  ninguno de sus soldados había recibido un solo centavo por sus esfuerzos.

Como resultado, González Ruano era un hombre desilusionado, que subsistía de trabajos ocasionales, como asistente de dentista cuando se necesitaba sujetar a una víctima durante una extración y asistente en la herrería, cuando no estaba borracho.

González Ruano vivía en Tiquizate y fue testigo de la manera en que Lindwood Adams (don Lin) desalojaba violentamente a los campesinos y los despojaba de sus tierras en nombre de la UFC. Como resultado, muchas personas tenían a Lindwood Adams en la mira.

Prensa Libre informó el 24 de mayo de 1961; “Bajo su título de Superintendente de Relaciones Sociales, Lindwood Adams. . . Encargado de recuperar las tierras del UFC cedidas a los campesinos durante el gobierno y las reformas agrarias del presidente Árbenz en 1953 “.

“Las relaciones entre los campesinos independientes y la UFC son espantosas. La Federación Autónoma de Sindicatos Guatemaltecos (FASGUA) denuncia que: “La crisis sobre las tierras ocupadas por varios cientos de familias campesinas durante muchos años y el procedimiento de su expulsión y captura. . . Es impulsada por la empresa agrícola de Guatemala, la UFC, para defender sus propios intereses “.

En otra ocasión, Lindwood Adams envió dos camiones enormes a Izabal, así como un bulldozer Caterpillar D9 y un puño de hombres armados para expulsar a los campesinos de sus tierras y recuperarla para la UFC. Al llegar a Izabal, todos los hombres, camiones y equipos de la UFC desaparecieron sin dejar algún rastro. Tragados por la selva, nunca se han visto desde entonces.

Alrededor de nuestra mesa en casa, mi padre solía bromear con Lindwood Adams sobre este episodio y le decía que “nunca había conocido a un hombre que pudiera perder una bulldozer tan enorme”.

Lindwood Adams no era ajeno a la violencia, ya que le habían disparado anteriormente a su camioneta en varias y el hermano de su piloto había sido asesinado de esta manera en otra ocasión.

“El campesino Macario Aroche Matute fue asesinado en una represalia local por haber al fin acordado desocupar sus tierras y trasladarse a La Maquina, donde había logrado conseguir un nuevo bloque de tierra para cultivar”. [Prensa Libre 18 de mayo de 1961]

De repente, González Ruano decidió renunciar a sus carreras de borracho y asistente dental y optó por convertirse en el “Azote de los ejecutivos de la UFC” y de los otros terratenientes acaudalados en el área de Tiquizate, como un “bandido de renombre” .

González Ruano alcanzó la fama nacional casi instantáneamente, cuando empezó a aterrorizar a todos en la zona. Se auto-denominó “El Látigo del Sur” y dirigió su venganza hacia las actividades de Lindwood Adams y la UFC.

Como la mayoría de los ejecutivos y gerentes de la UFC vivían juntos en un enorme complejo protegido por guardias armados, le resultó fácil monitorear las idas y venidas de los ejecutivos, con información proporcionada por los mismos guardias que simpatizaban con “El Látigo del Sur”.

González Ruano los robaba ciegos, los asaltaba, los atracaba, los detenía y los despojaba a menudo de todo lo que tenían de valor y luego compartía el botín con los más pobres de las aldeas a su alrededor.

Dentro de poco, los campesinos comenzaron a llamarlo el Robin Hood y el Zorro de Guatemala. Le proporcionaban comida y refugio cada vez que lo necesitaba y lo protegían de la policía local, cuando buscaban capturarlo.

Se puede decir, que González Ruano era la persona con quien el “Che” Guevara se debería de haber asociado durante esos años para organizar un levantamiento, en lugar de su fallida aventura en Bolivia.

Al mismo tiempo, González Ruano se convirtió en un amante legendario ya que tenía cientos de mujeres, a quienes atendía individualmente cada noche, en agradecimiento por darle techo, comida y un escondite, mientras huía de la policía local.

González Ruano, “El abandonado ex-libertador”, que había ayudado a liberar a Guatemala del “Comunismo”, se había convertido en el “Látigo del Sur” que juraba que; “Sólo robó a los ricos, para dar a los pobres”.

La leyenda del “Látigo del Sur” se extendió rápidamente, por toda la república. Habían informes de todo el país, que el “Látigo del Sur” había cometido esta asalto o este crimen. Otros criminales chispudos dejaban caer su nombre durante sus propios atracos y robos, con la esperanza de desviarse la culpa o ganarse un poco de apoyo de los campesinos en sus áreas.

Los sacerdotes católicos celebraban misas especiales en sus pueblos y aldeas, pidiéndole a Dios que los liberara de una visita del “Látigo del Sur” y los periódicos nacionales reportaban constantemente historias de sus hazañas. El “Látigo del Sur” parecía estar en todas partes al mismo tiempo.

Yo (el autor) tenía unos 11 o 12 años de edad en esos tiempos y mis hormonas estaban muy ocupadas con la compleja tarea de “descender mis testículos”. Soñaba con ser tan “viril y famoso” como lo era Benedicto González Ruano, el “Látigo del Sur”. Libros de aventura por autores como Zane Gray era buenos, pero nada comparaba con las historias en los periódicos guatemaltecos sobre Benedicto, el “Látigo del Sur”.

El “Látigo del Sur” inspiró a otro bandido al mismo tiempo llamado “El Águila”, que se hizo famoso también. Este no duró mucho porque no compartía su botín con los pobres y la policía pronto lo atrapó y ametralló en un puente cerca de la ciudad de Escuintla, a donde llegué con mi padre en carro, como una hora después del evento.

La ráfaga de disparos abrió su estómago y se le cayeron las entrañas, pero los testigos afirmaron que “El Águila” seguía re-insertando sus entrañas en su estómago con una mano, mientras disparaba en contra de la policía con la otra, antes de finalmente caer. Puedo atestiguar que lo vi muerto sobre la carretera, acompañado de sus entrañas.

Mientras tanto, la policía de Tiquisate resultó ser totalmente inútil en la captura del “Látigo del Sur”, ya que a menudo se emborrachaban juntos y les regalaba bebidas.

Así que . . . El 7 de mayo de 1961, Lindwood Adams montó su propia operación en contra del “Látigo del Sur”, con empleados armados de la UFC, con la intención de eliminarlo de la faz de la tierra para siempre.

El 12 de mayo de 1961, Prensa Libre informó que Lindwood Adams “reunió a un grupo de empleados de la empresa (UFC) para perseguir al bandido que era el terror de la zona. . . (y fue) capturado por las autoridades “.

Sin embargo, afirmar que el “Látigo del Sur” de 30 años de edad “había sido capturado”, era una exageración, ya que el 8 de mayo de 1961 sólo lo habían atrapado dentro de un rancho de caña con techo de paja en Pueblo Nuevo, Tiquizate, propiedad de una de sus amantes.

A la mujer se le permitió huir del rancho sin hacerle daño y Lindwood Adams, quien estaba presente dando órdenes directas a sus hombres armados, estaba personalmente a cargo de esta operación y le dio  una serie de oportunidades al “Látigo del Sur” para que se rindiera. Sin embargo, el “Látigo del Sur” rechazó toda oferta de rendirse.

Así que, Lindwood Adams ordenó a su pelotón de matones armados de la UFC que abrieran fuego en contra del rancho de caña y lo barrieron con tanto fuego que el rancho quedó completamente destruido, dejando mortalmente herido al  “Látigo del Sur”.

Para rendirle homenaje a la muerte del “Látigo del Sur”, todos los hombres armados de la UFC y Lindwood Adams, se pararon en un circulo alrededor de su presa moribunda, y se le quedaron viendo mientras se desangraba lentamente, hasta que murió.

Los policías que habían acompañado a Lindwood Adams a esta concurrencia, se negaron involucrarse y se apartaron, mientras los de la UFC ejecutaban a su víctima.

El cadáver del “Látigo del Sur” fue lanzado en la palangana de un picop de la UFC y llevado a la morgue en la ciudad de Mazatenango. De allí se difundió rápidamente la noticia de que Benedicto González Ruano el “Látigo del Sur”, había sido “ejecutado y luego capturado”, en esa secuencia de eventos.

Esa noche, la costa sur de Guatemala, se mantuvo relativamente tranquilo. Pero . . . al día siguiente, más de 300 mujeres descendieron sobre la morgue del hospital en Mazatenango, e inmediatamente se estalló una pelea enorme entre estas mujeres, en la zona de recepción del hospital. Cada una de estas mujeres, reclamaba el derecho exclusivo sobre el cadáver del “Látigo del Sur”, para enterrarlo.

Pero . . . Los problemas de Lindwood Adams aún no habían terminado.

‘Porque . . . Todo mundo estaba tan eufórico por haber ejecutado al “Látigo del Sur”, que se les había olvidado de los otros miembros de su banda, que estaban indignados por la manera en que habían arrebatado a su líder, que les era tan inspirador.

Emilio Portillo Calderón

Emilio Portillo Calderón

Emilio Portillo Calderón

Emilio Portillo Calderón, era nacido en Zacapa, residente del pueblo de Huitzizíl y miembro de la banda del “Látigo del Sur”.

El jueves 11 de mayo de 1961, apenas tres días después de que el “Látigo del Sur” fuera ejecutado en el rancho de su amante, Emilio entró en la oficina de Lindwood Adams en Tiquizate a eso de la 1pm de la tarde, armado con una pistola semiautomática y un estoque (espada). (Correcto, así es . . . seguimos usando “estoques” en Guatemala).

Prensa Libre 13 de mayo de 1961; “Con el arma en la mano derecha, Emilio exigió saber por qué él y otros campesinos habían sido ordenados desalojados de su propia tierra y de la zona . . .  (Lindwood Adams) Respondió agresivamente, diciendo que no tenía nada que ver con ello”.

A medida que se intensificaba la discusión, “El palurdo (Emilio) descargó tres tiros en Lindwood Adams, quien se desplomó sobre su escritorio y murió casi inmediatamente. Todavía en esa posición, (Emilio) lo apuñaló seis veces en la espalda, con el estoque “. [Prensa Libre, 13 de mayo de 1961]

En toda la confusión, Emilio logró escapar. Se robó el auto de Lindwood Adams, que luego abandonó después de haber fundido el motor, mientras era perseguido por los empleados de la UFC.

Mientras tanto, los Judiciales (la Policía Judicial), que eran unos verdaderos malvados en esa época, buscaban a Emilio y capturaban a todos los que se oponían a la UFC, para intimidarlos.

Dos campesinos, Santos Barrera Olivares y Tránsito Pérez Marroquín, fueron acusados ​​de ser cómplices en el asesinato de Lindwood Adams y de incitar a otros campesinos en Huitzizíl a resistirse a la UFC. Ambos fueron condenados a penas carcelarias en la ciudad de Escuintla, sus tierras confiscadas y entregadas a la UFC.

Mientras tanto . . . El 12 de mayo de 1961, solo 3 días después del asesinato, Emilio fue capturado cerca de la frontera con México. Afirmaba haber vivido en México durante las fechas que ocurrió el asesinato, pero la UFC ya tenía fichado al hombre al quien iban a culpar, así que nadie se molestó en verificar si lo que dijo era verdadero.

El 12 de mayo de 1964, se celebró uno de los juicios más eficientes y rápidos en  la historia de Guatemala. Durante el juicio, se le negó al acusado el derecho de llamar a algún testigo a su favor y los únicos testigos permitidos, fueron los empleados de la UFC.

Emilio Portillo Calderón fue sentenciado a muerte por el asesinato de Lindwood Adams.

El diario nacional Prensa Libre, señaló que; “Los hechos presentados y lo que los empleados de UFC habían jurado anteriormente, son increíblemente diferentes”.

Sin embargo, el juez conmutó la sentencia de Emilio Portillo Calderón a 20 años, tras concluir que; “El veredicto se basó en presunciones”.

Emilio finalmente murió en prisión, en la Penitenciaria Central. Padecía de tuberculosis. Como parte de su castigo, las autoridades penitenciarias le negaron toda asistencia médica.

Desde su lecho, antes de morir, Emilio Portillo Calderón mandó una carta por medio de su familia a Hilda Hrdlitschka Adams, pidiendo que ella lo perdonara por haber asesinado a su marido Lindwood Adams.

Recuerdo muy bien, el día que Hilda llegó a mi casa en su Studebaker de color blanco, para discutir la petición de Emilio con mis padres. Mi padre Gray E. Russell, que era el jefe de la secta evangélica de los Hermanos Kramerístas en Guatemala, requería que todas las decisiones importantes como éstas, fueran aprobadas por él primero.

A mi hermana (Sandra) y a mí (el autor), nos dijeron que dejáramos la sala, ya que habría “discusión de adultos”. Luego se arrodillaron, charlaron con “el Señor” (Dios) y le pidieron que les dijera qué hacer. “El Señor” no tardó mucho en contestar, ya que en cosas como estas, “su juicio es rápido”.

Al levantarse de sus rodillas, el “mensaje del Señor” era claro, “no habría perdón para Emilio” y la conversación pronto se dirigió al tema de lo “descarado” que era Emilio y que “cómo se atrevía” pedir perdón por un “pecado tan enorme”, que había cometido.

La decisión unánime, pero mayormente de mi padre, fue que sería mejor NO PERDONAR a Emilio, ya que PERDONAR, sólo alentaría a los otros indígenas guatemaltecos a cometer actos similares. Como resultado, Hilda Hrdlitschka Adams​​acordó enviarle una nota a Emilio diciendo que “Ella se negaba a perdonarlo”.

Mi padre le sugirió a Hilda que le regalara Q50 a la familia de Emilio para que pudieran comprar una caja de pino para enterrarlo, ya que su familia era muy pobre y dijo que “Eso es lo que el Señor quería”.

Con la “conferencia sobre el tema del perdón” finalizada, mi hermana y yo fuimos invitados a entrar de nuevo a la sala de nuestra casa y mi madre nos sirvió a todos, té Inglés y unas galletas de jengibre.

A nadie se le ocurrió en ese momento, que en realidad, Emilio Portillo Calderón era uno de los buenos que le había hecho un favor a la raza humana y librado a este planeta de un verdadero desgraciado.

 

http://guatemalachronicle.com/

Comparte:

More Stories From Investigaciones