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July 22, 2017

Monseñor Gerardi – Asesinado


Monseñor Gerardi

Monseñor Gerardi ==Cuando el obispo entró inesperadamente a la habitación, se encontró con una escena extremadamente sórdida. Uno de sus sacerdotes estaba abrochado en un trío con la polla del pastor alemán en el culo.

El nombre del perro era Balú y el diccionario urbano describe este nombre como “El nombre Hindú de un oso o perro grande y lanudo que anda con la polla colgada y viola cualquier persona a la vista”.

English version: Bishop Gerardi, killed by the dog f****s



INVESTIGACIÓN © J. Russell – Guatemala Chronicle – Actualizado el 26 de abril de 2017
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Monseñor Gerardi ==El 26 de abril de 1998, Monseñor Juan José Gerardi Conedera (1922-1998), obispo católico de Guatemala y defensor de los derechos humanos, fue asesinado a golpes en su casa parroquial de la Iglesia de San Sebastián en la ciudad de Guatemala, donde él era el pastor.

El ataque fue tan brutal que el rostro del Monseñor era irreconocible y su cadáver tuvo que ser identificado por medio de su anillo episcopal.

Gerardi era fuerte como un oso, disfrutaba de su whisky, le gustaba contar chistes malcriados, era un personaje muy popular y querido por todos.

En 1988, la Conferencia de Obispos asignó a Gerardi y Rodolfo Quezada Toruño la tarea de formar parte de la Comisión de Reconciliación Nacional establecida por el gobierno, que posteriormente condujo a la creación de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, que sigue prestando asistencia a las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

El proyecto Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), comenzó a recoger los hechos y la historia de la larga guerra civil de Guatemala y a confrontar la verdad de esos años. El 24 de abril de 1998, el REMHI presentó los resultados de su trabajo en el informe titulado “Guatemala: Nunca Más“.

El informe del REHMI resumió los testimonios y declaraciones de miles de testigos y víctimas de represión durante la Guerra Civil. “El informe de 1,400 páginas culpó en un 80% por ciento al Ejército de Guatemala por las atrocidades y a sus colaboradores dentro de la élite social y política” y nombró a muchos de los culpables.

Dos días después de la publicación de “Guatemala: Nunca Más“, el Monseñor Juan Gerardi fue encontrado muerto en un charco de sangre en el garaje de su casa parroquial.

En su libro “El Arte del Asesinato Político”, Francis Goldman hizo todo lo posible por desechar todos los otros motivos y culpó a altos oficiales de inteligencia del Ejército de Guatemala y sus cómplices oscuros por el asesinato de Monseñor Gerardi. Tres militares fueron condenados por este crímen y enviados a prisión.

Además de elogiar a los investigadores estatales y a los detectives aficionados de la Iglesia Católica, Goldman también intentó desacreditar a todos los otros testigos que afirmaban que el obispo Gerardi fue asesinado por haber tropezado inadvertidamente en una depravada orgía sexual dentro de su casa parroquial.

Sin embargo, como todos sabemos, más absurda es la teoría de una conspiración, más improbable es que resulte ser la verdad. Estadísticamente, la mayoría de los asesinatos son cometidos por alguien cercano a casa y resultan tener explicaciones y motivos sencillos.

Dos teorías

Hay dos teorías principales sobre el asesianto del Monseñor y ambos son conjeturas, ya que su muerte nunca fue investigada con el uso de evidencia forense probatoria. En ambos casos, los hechos se decidieron para que conformaran con la hipótesis.

Una de las teorías es que el Monseñor fue asesinado por los militares en represalia por su destacado trabajo en el reporte “Guatemala: Nunca Más“, que reveló y documentó en detalle el destino de miles de muertos por los militares durante la guerra interna en Guatemala.

La otra teoría es de carácter más personal y mucho más cercana al domicilio del Moseñor Gerardi, como se detalla en la investigación llevada a cabo por el polémico periodista e investigador Jorge Lemus Alvarado, quien obtuvo las confesiones grabadas del personaje a quien sele  ordenó asesinar al antropólogo guatemalteco Myrna Mack.

Lemus Alvarado, ha investigado muchos de los crímenes más emblemáticos cometidos en Guatemala durante los últimos 30 años y es parte del equipo de investigación del Guatemala Chronicle. Sus investigaciones a menudo revelan que la “versión oficial” de los acontecimientos, tiene poco que ver con los hechos.

Lemus Alvarado comenzó a investigar el asesinato de Monseñor Juan Gerardi apenas una semana después del evento y ha conducido una investigación a largo plazo que llega a una conclusión muy diferente a la que propone Goldman en su libro. Todos los testigos entrevistados afirman que “fueron los sacerdotes”, ayudados por dos personajes conocidos como Guayo y Chonax.

La investigación de Lemus Alvarado incluyó información de varios medios de comunicación, entrevistas con Erick Poitevan y Rafael Guillamon de MINUGUA, Fernando Penados de la ODHA, los fiscales del MP (Ministerio Público) Ardon, Seizing y Galindo, así como entrevistas detalladas con la mayoría de personas cercanas al caso.

Lemus Alvarado entrevistó a la hermana del Monseñor, a la criada de la parroquia, a los vigilantes en las calles y las arandelas que estaban en el parque esa noche fatídica, así como a varias otras personas sin hogar, pequeños ladrones y drogadictos que frecuentaban el parque de San Sebastián cada noche y al señor, que insistía en orinar dentro de la iglesia cada noche.

Lemus Alvarado también entrevistó a miembros de la pandilla del Valle del Sol que vendían reliquias religiosas robadas, Elzer Omar Aguilar y Walter Douglas Pizatti, amigos de Carlos García Pontaza, así como Ana Lucia Escobar, hija del Obispo Efrain Hernández y muchos otros.

En ese fatídico domingo, el obispo Gerardi volvió a su casa una hora antes de lo habitual, de cenar con con su hermana. Cuando llegó, Pantera Iseppi, hermano de Vilma, que solía dormir en el Parque del Centenario y lavar coches en la calle, estaba de visita en San Sebastián esa noche. Eran las 8pm exactamente.

Aproximadamente 45 minutos más tarde, Pantera salió del parque de San Sebastián por la 2a Calle, hacia una farmacia en la esquina de la 10a Avenida y 3a Calle para comprar una “quimicaso” (una botella de alcohol de caña de azúcar al 95%) y luego siguió a recoger latas vacías a lo largo de la 7a Calle, hasta la 18 Calle.

Cuando Pantera pasó frente al Colegio San Sebastián, vio un coche parqueado con una pareja adentro, supuestamente se estaban detallando. Siguió por la calle compró su “quimicaso” y empezó a recoger las latas vacías. Luego se dirigió a la Avenida Bolívar y regresó por la 6a Avenida hacia San Sabastian, a las 11 pm aproximadamente.

Pocos minutos después, el sacerdote y amante del perro Balú, Mario Orantes, salió de la parroquia a través de una pequeña puerta lateral cerca del garaje y preguntó a los vagabundos en el parque (los Riveras, Bran y Pantera, etc.) si habían oído un ruido y golpeó la pared, para simular el sonido. Todos respondieron NO, no habían oído nada.

Justo antes de eso, un joven delgado, de altura normal sin camisa, había salido de la parroquia por la puerta del garaje y se había dirigido hacia la 2ª calle. Unos momentos más tarde regresó vestido con una camisa, se detuvo a comprar un par de cigarrillos de los vagos en el parque y desapareció por la 6a Avenida.

Mientras tanto, a eso de las 7:30pm de la noche, dos amigos, Eran Walter Duglas Pizatti y Luis Carlos García Pontaza, conversaban mientras estaban sentados en un banco de cemento en la Avenida Centroamérica y la 15 o 16 calle de la Zona 1.

A eso de las 8:15 pm, comenzaron a caminar hacia la Avenida Elena, planeando comer pupusas (un plato nativo de El Salvador). Luis Carlos era el novio de Ana Lucía Escobar y le había pedido prestado su coche, que había parqueado a media cuadra de distancia.

Aunque todos lo negaban, todo el mundo sabía que Ana Lucia Escobar (apodo de China), era en realidad la hija ilegítima del sacerdote Efraín Hernández, pero todos fingían que era su sobrina. Su madre era la ama de llaves de la Parroquia del Calvario y también era la propietaria de la tienda general del Colegio Mateo Perrone.

Alrededor de las 8:20pm de la noche, Luis Carlos recibió una llamada de Ana Lucía, quien le informó que sus amigos acababan de matar al Monseñor Gerardi y le rogó que fuera a buscarla urgentemente a la parroquia del Calvario. Apresuradamente, Luis Carlos mencionó esto a Walter Duglas y salió de inmediato, donde recogió a Ana Lucía, a su hermano y al sacerdote Efraín Hernández.

mario_orantesAl llegar al parque de San Sebastián, Efraín Hernández y Luis Carlos García Pontaza bajaron del coche y entraron a la iglesia parroquial a través de la iglesia que aún estaba abierta, ya que la Misa de las 8pm estaba terminando.

Mientras tanto, Ana Lucia Escobar continuó en el vehículo hasta la 7a Avenue, giró a la izquierda y a la izquierda otra vez en la 2a Calle, parqueó su coche afuera del Colegio San Sebastian y esperó. Junto con su hermano, fingieron ser amantes en el coche. Esta es la misma pareja que Pantera vio en el camino cuando iba para conseguir su “quimicaso”.

Durante la espera de las 8:40pm a las 11:00pm de la noche, la pareja salió del coche y se paseó por el parque, donde fueron vistos por otro testigo de quien Lemus Alvarado obtuvo una declaración grabada.

Alrededor de las 11.30pm, un coche se acercó desde la 2a Calle y se detuvo frente al garaje de la iglesia parroquial. Mario Orantes el cura salió, habló a la pareja en el coche brevemente y todos entraron a la casa, apresuradamente.

Pantera notó que era el mismo coche y pareja que había visto estacionados frente a la universidad, desde las 8.45pm. Recordaba la hora, porque la farmacia donde habitualmente compraba su bebida se cerraba a las nueve de la noche y había llegado justo cuando se estaban cerrando.

Un detalle muy importante aquí es que según Pantera, sólo la pareja llegó y NO el sacerdote Efraín Henández (apodo Chino), a quien conocía muy bien, aunque la versión oficial de la iglesia es que el “Chino llegó con la China” Henández y Ana Lucia Escobar).

Dos días después, Walter Duglas Pizatti llegó a la casa de Luis Carlos García Pontaza justo cuando estaba listo para irse y desaparecer. Luis Carlos le dijo que estaba en un gran problema, ya que le habían hecho arreglar y limpiar la escena del crimen.

Como si eso no fuera suficientemente malo, ahora no tenía nada y estaba convencido de que era a él quien iban a culpar, pero dijo que lo había hecho todo porque “Amaba a Ana Lucia Escobar y respetaba a Efraín Henández”. etcétera etcétera.

Esta es la misma versión de la historia que relató a Lemus Alavarado años más tarde cuando estaba en la prisión Preventiva en la Zona 18, justo antes de ser asesinado, por un asunto no relacionado.

La Reconstrucción

Ahora bien . . . La mayor parte de lo que ocurrió dentro de la casa parroquial de Gerardi puede reconstruirse con evidencia científica, las declaraciones de Rivera, Bran, El Ronco, Vilma y las de los otros vagos que habían pasado la noche en el parque.

Al regresar una hora antes de cenar con su hermana, el Monseñor Gerardi atrapó al sacerdote Mario Orantes en una escena sexual increíblemente sórdida con Guayo Perdomo, Chanax Sontay y Balú el perro.

La escena que encontró Gerardi le habría enjado increíblemente. Empezó a gritar y gesticular y en el proceso, le metió una patada al perro. El animal reaccionó, se le tiro a Gerardi y lo dominó. Al mismo tiempo, los tres amantes zoófilos estallaron en una rabia, por la interrupción de su orgía bestial y se unieron a Balú en un ataque brutal en contra del Monseñor.

En su enfurecido frenesí por ser sorprendidos en flagrante delito, los tres huecos bestiales golpearon al Monseñor Juan Gerardi hasta matarlo y dejaron que Balú el perro lo modiera y desfigurara su cara.

Según las pruebas de luminol realizadas mucho más tarde por el FBI, Gerardi fue asesinado en la habitación del sacerdote Orantes, luego arrastrado por el pasillo y arrojado al garaje, donde fue encontrado.

Significativamente, las únicas pruebas de sangre y ADN que correspondían a la sangre dentro del dormitorio de Orantes fueron las de Chino Guayo y Chonax Sontay, aunque los supuestamente acusados ​​del crimen por ODHA fueron los miembros del ejército Escobar Blas, Disrael y Byron Lima etc. , Etc ,.

Sobre la participación en el crímen del pastor Alemán Balú, los investigadores descubrieron 40 fotografías del pene erecto de Balú en la habitación del sacerdote Mario Orantes. Cuando se le preguntó, el sacerdote afirmó que era así “como determinaba si el perro era de raza pura”.

La evidencia de las heridas de mordedura de perro en la cabeza del Monseñor y detrás de su oreja, fueron concluyentes. Un molde hecho de la estructura dental del perro coincidió exactamente con las heridas. El diario nacional elPeriódico publicó una foto de esto.

Ronald Ochaeta de la ODHA, afirmó que el obispo había sido golpeado hasta la muerte, utilizando un molde de la estructura dental de Balú. Durante el juicio, la ODHA logró que toda la evidencia de mordedura de perro, fuera declarado “inadmisible”.

Poco a poco, seis de los testigos sin hogar (vagos) fueron eliminados y murieron misteriosamente de intoxicación alcohólica. Incluso, a la anciana hermana de Monseñor Gerardi, se sospecha que fue asistida a morir antes de su tiempo.

Balú el perro, fue eliminado rápidamente y murió bajo custodia en el veterinario después de que fue descrito como un viejo perro inútil que difícilmente podía moverse. Sin embargo, bajo instruccióne del sacerdote Orantes, Balú había atacado violentamente a una persona sin hogar afuera de la parroquia, apenas una semana antes del asesinato de Gerardi.

Así que terminamos con una serie de mentiras, misdirections, engaños y contradicciones. Artículos de periódicos, programas de televisión e incluso libros han sido escritos y publicados para ocultar la verdad e incriminar a los inocentes.

La Iglesia Católica ciertamente no quería que su imagen se empañara por una cabala de sus propios sacerdotes zoófilos homosexuales que disfrutaban de la bestialidad grupal que habían cometido este horrendo crimen. Era más conveniente culpar a los militares y convertirlo en un crimen político.

El asesinato del Monseñor Juan Gerardi fue imputado al coronel Byron Disrael Lima Estrada (60), a su hijo el capitán Byron Lima Oliva (31), al sargento Obdulio Villanueva (36) y al sacerdote Mario Orantes (38). Todos fueron condenados por el asesinato del obispo y sentenciados a 30 años de prisión.

Obdulio Villanueva había sido guardaespaldas del presidente Arzu, pero ya estaba en la cárcel por matar a un inocente lechero con el nombre de Pedro Haroldo Sas Rompich en Antigua Guatemala con su ametralladora, cuando pensó que iba a atacar al convoy del presidente. Villanueva fue decapitado más tarde en prisión, durante un motín de prisión no relacionado.

En 2016, el capitán Byron Lima Oliva fue asesinado en la cárcel en un ataque espectacular en el que otros 12 prisioneros también fueron asesinados. Byron Lima siempre afirmó que era inocente del asesinato del Monseñor y afirmaba que lo habían inculpado a propósito.

Para añadir un poco de crema al pastel, uno de los hombres (vagos) sin hogar que asistió a la misa del Monseñor Gerardi en la Catedral el domingo después del asesinato, comenzó a gritar a todo pulmón “el Chino lo asesinó”. Nadie se molestó en prestarle atención, porque ya se había decidido quienes eran los culpables.

Como el NOBEL de la Literatura Bob Dylan nos recuerda en su canción Oxord Town “Mejor que alguien investigue pronto”.

http://guatemalachronicle.com/

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