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July 22, 2017

Azucar de Guatemala -El monstruo que lo aplana todo


El monstruo que lo aplana todo

Azucar de Guatemala,  Al agrupar todas las plantaciones de caña de azúcar en Guatemala, utilizan 10% de las tierras cultivadas del país. Es un monstruo verde de unos 2,687 kilómetros cuadrados, un área tres veces el tamaño de la ciudad de Nueva York,  que supura injusticias sociales y violaciones laborales.

En Guatemala, 12 ingenios actúan como un oligopolio, un cartel con profundas conexiones políticas y cuyo poder es altamente resentido por las comunidades en el campo, como revela esta investigación de El Faro y eldiario.es.



INVESTIGACIÖN © El Faro – Gabriel Labrador, Ximena Villagrán, Raúl Sánchez y Jimmy Alvarado – Abril 25, 2017
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El cartel azucarero de Guatemala, es el cuarto exportador de azúcar más grande del mundo y las autoridades sospechan que evaden el fisco en gran medida, por el uso de offshores en paraísos fiscales.

El cultivo de azúcar en Guatemala está poco industrializado. Las plantas de la caña, que pueden alcanzar los cinco metros de altura y consumen altas cantidades de agua, crecen durante aproximadamente seis meses en las fincas. La zafra o cosecha empieza con la quema de las plantaciones para debilitar el tallo de la caña, hacer más eficiente el corte y ahuyentar a los animales.

Tras la quema, miles de trabajadores entran a los terrenos y cortan con machetes las plantas mientras se llenan del hollín producido por el fuego. Cargan la caña y la llevan al punto de recolección, en largas jornadas de trabajo, algunas veces sin acceso a fuentes de agua o servicios sanitarios.

La caña es transportada a los ingenios en “jaulas” a bordo de grandes camiones. Es en los ingenios donde se procesa la planta y se produce el azúcar y todos sus derivados.

 

Guatemala es un país donde la producción de azúcar es de bajo costo, comparado al resto del mundo. En parte, se explica por la mano de obra barata pero también por la cercanía entre ingenios, carreteras y puerto de exportación. En la Finca Cocales, municipio de Patulul, Suchitepéquez, camiones transportan la caña que terminará molida en el ingenio Palo Gordo. /Foto El Faro: Víctor Peña

Guatemala es un país donde la producción de azúcar es de bajo costo, comparado al resto del mundo. En parte, se explica por la mano de obra barata pero también por la cercanía entre ingenios, carreteras y puerto de exportación. En la Finca Cocales, municipio de Patulul, Suchitepéquez, camiones transportan la caña que terminará molida en el ingenio Palo Gordo. /Foto El Faro: Víctor Peña

Azúcar de Guatemala

Dos oficinas del gobierno de Estados Unidos califican a Guatemala como un país azucarero “de bajo costo”, lo cual se explica porque los ingenios han “fracasado” en el cumplimiento de las leyes laborales , según la agencia de tratados comerciales de la Casa Blanca.En toda la industria, los sindicatos han desaparecido menos uno en el ingenio Palo Gordo, el octavo productor de caña molida, según datos de 2016.

Las denuncias medioambientales tampoco se hacen esperar. Entre 2012 y 2016, el ministerio de Medio Ambiente recibió 38 denuncias contra nueve ingenios, la mayoría de ellas relacionadas a la contaminación de agua.

El atropello medioambiental es proporcional a los réditos económicos que genera la producción de azúcar, opina Yuri Melini, director del Centro de Acción Legal, Ambiental y Social (Calas). “¿Quién no va a ser competitivo si el Estado le da subsidios indirectos cuando no cobra por el agua que usan? ¿Quién no va a tener esa rentabilidad si no han dejado que tengamos la ley general de aguas?”, cuestiona Melini, excandidato presidencial de un movimiento de izquierda.

El río Madre Vieja, uno de los más grandes de la costa sur de Guatemala es desviado frecuentemente para alimentar las plantaciones caña.

La industria azucarera guatemalteca representa el 3% de la economía total, unos 1,900 millones de dólares al año, según los propios azucareros, y eso en una nación en desarrollo no es poca cosa. La economía del azúcar en Guatemala es del mismo tamaño que el PIB total de Belice, su vecino. Hay 25 países con economías más pequeñas que la riqueza producida por el azúcar guatemalteco.

Los responsables de esta economía boyante son 12 ingenios activos que se distribuyen a lo largo de cuatro departamentos de la costa sur. Cogobiernan con un poder paralelo al de medio centenar de municipalidades. A veces sustituye al poder local, por ejemplo, en la salud donde sus clínicas atienden más de 50,000 consultas al año o en la educación donde sus escuelas preparan a más de 10,000 maestros en matemáticas.

Los movimientos del monstruo a veces son grandes y torpes y terminan causando desastres. Cuando eso ocurre, las comunidades se levantan, intentan hacerle frente, pero nunca ganan. La costa sur de Guatemala ha estado salpicada de estallidos sociales en los últimos años. Por el uso del agua, por la contaminación, por daños a la propiedad.

En enero de 2014 una comunidad de la etnia mam, en Nueva Cajolá, Champerico, amenazó con quemar los camiones cañeros que atravesaban y deterioraban la calle comunal. Los camiones eran del ingenio Magdalena, que produjo la cuarta parte de todo el azúcar guatemalteco en la última década. Lo que colmó la paciencia de la gente fue cuando derribaron postes y un cerco con el objetivo de acortar el camino.

El intento de revuelta y protesta de los mam fue resuelto sin diálogos, pero con poder. En Guatemala nada detiene a la industria, que ha construido 250 mil kilómetros de calles internas dentro de sus propiedades para evitar a comunidades como la de Nueva Cajolá.

Rosalío López López (44) vive en el reasentamiento de Nueva Cajolá, en el municipio de Champerico, Retalhuleu. La contaminación de los ríos aledaños lo impulsó a organizar a esta comunidad, de la etnia mam, para exigirle los ingenios mesas de diálogo. En algún momento, como en enero de 2014, usaron medidas extremas para darse a respetar: amenazaron con quemarle los camiones a un ingenio si estos seguían pasando por la calle vecinal y si no reparaban un cerco que ellos habían roto. /Foto El Faro: Víctor Peña.

Rosalío López López (44) vive en el reasentamiento de Nueva Cajolá, en el municipio de Champerico, Retalhuleu. La contaminación de los ríos aledaños lo impulsó a organizar a esta comunidad, de la etnia mam, para exigirle los ingenios mesas de diálogo. En algún momento, como en enero de 2014, usaron medidas extremas para darse a respetar: amenazaron con quemarle los camiones a un ingenio si estos seguían pasando por la calle vecinal y si no reparaban un cerco que ellos habían roto. /Foto El Faro: Víctor Peña.

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